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Promover desde la primera infancia conceptos como la empatía, la solidaridad y el respeto se vuelve esencial, ya que es en esta etapa, en la que se ha comprobado científicamente, que los infantes comienzan a desarrollar los distintos aspectos emocionales y sociales. De allí la importancia de que los adultos que los rodean sepan promover de manera correcta este proceso.

El impacto de las relaciones que mantiene el infante con sus padres, maestros, cuidadores y con toda aquella persona con la que entra en contacto, influye de manera directa en su habilidad para aprender a lidiar con lo que siente y su reacción ante todo lo que experimenta. Es así como un cuidado afectuoso y rodeado de experiencias positivas establece las bases para su comportamiento en el futuro.

Al adquirir cierta madurez, tanto los niños como las niñas serán capaces de conocer sus sentimientos, anticiparlos y expresarlos de manera correcta, especialmente ante los adultos o los compañeros con los que interactúa. Partiendo de ello, cuando crezca será mucho más fácil adaptarse a los cambios, tener relaciones personales sanas y funcionales, además de definir sus prioridades.

El artículo Adultos con bienestar emocional brindan una mejor atención y cuidado a sus hijos e hijas,  publicado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), reseña que el bienestar emocional de los adultos es necesario para que los infantes reciban atención y un cuido adecuado y amoroso durante la primera infancia.

La especialista citada en dicha publicación, afirma que es durante los primeros tres años de vida donde se establecen vínculos y se fortalece el apego. Por esta razón, considera de suma importancia que haya un adulto sensible en casa y en el centro de enseñanza, que esté disponible para la niña o el niño, que le atienda y le acompañe en este periodo en el que está descubriendo el mundo, ya que esto le dará seguridad.

“Es importante que, como adultos, nosotros también nos enfoquemos en trabajar nuestras propias emociones, para que podamos ser un ejemplo para los infantes. Si somos capaces de reflejar serenidad, amor, ternura y empatía, los niños y las niñas aprenderán a identificar este tipo de acciones y su importancia en el día a día”, comentó por su parte Rebeca Chavarría, educadora y directora general de Bright Spot Learning Center.

El programa Making Caring Common Project, de la Universidad de Harvard, insta a los adultos a tomar en cuenta estas recomendaciones para contribuir a la crianza de niños y niñas afectuosos, respetuosos y éticos, además de empáticos y socialmente colaboradores:

  1. Trabaje para desarrollar relaciones afectuosas y amorosas con sus hijos e hijas: Los infantes aprenden a ser cariñosos y respetuosos cuando se les trata de esa manera, además de que, al sentirse amados, se genera una mayor cercanía con los adultos. Ese apego los hace más receptivos a los valores y enseñanzas que se les inculcan.
  2. Sea un fuerte modelo moral y mentor: Los niños y las niñas aprenden valores y comportamientos éticos al observar nuestras acciones, y las acciones de otros adultos a quienes respetan. Ellos escucharán nuestra enseñanza cuando predicamos con el ejemplo.
  3. Hacer del cuidado de los demás una prioridad y establecer altas expectativas éticas: Es muy importante que los infantes escuchen de sus padres, maestros y cuidadores que preocuparse por los demás es una prioridad absoluta, y que es tan importante como su propia felicidad. 
  4. Brinde oportunidades para que los pequeños y las pequeñas practiquen el cariño y la gratitud: Ellos necesitan practicar el cuidado de los demás y ser agradecidos; es importante que expresen su agradecimiento por las muchas personas que contribuyen a sus vidas. Los estudios muestran que las personas que tienen el hábito de expresar gratitud tienen más probabilidades de ser útiles, generosas, compasivas, además de que tienen más posibilidades de ser felices y saludables.
  5. Amplíe el círculo de preocupación de su hijo o hija: Casi todos los infantes sienten empatía y se preocupan por un pequeño círculo de familiares y amigos. El desafío es ayudarlos a aprender a tener empatía, y a preocuparse por alguien fuera de ese círculo. 
  6. Promover la capacidad de los infantes para ser pensadores éticos y generadores de cambios positivos en sus comunidades: Ellos están naturalmente interesados ​​en las cuestiones éticas y lidiar con ellas puede ayudarles a descubrir, por ejemplo, qué es la justicia, qué deben a los demás y qué hacer cuando tienen lealtades en conflicto. 
  7. Ayúdelos a desarrollar el autocontrol y manejar los sentimientos de manera eficaz: A menudo, la capacidad de cuidar a los demás se ve abrumada por la ira, la vergüenza, la envidia u otros sentimientos negativos. Se hace necesario enseñarles a lidiar con estos sentimientos y emociones de manera constructiva.