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Cuando hablamos de promover hábitos saludables en los niños, este aprendizaje no solo debe estar enfocado en conocer las partes del cuerpo humano o las distintas enfermedades a las que pueden estar expuestos, sino que es imperativo que su formación les permita velar por su derecho a la salud a lo largo de su desarrollo.

Tanto en el hogar, como en el centro de enseñanza, deben de proveerse las bases necesarias para que los pequeños apuesten por elegir una vida cada vez más saludable. Los adultos no solo deben de velar por el cumplimiento de su esquema de vacunas, su correcta nutrición o incentivarlos a moverse con una rutina física, acorde a su edad y capacidades, sino también por su equilibrio emocional.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) enfatiza que, cuando hablamos de hábitos saludables, estos no deben de ser abordados de manera aislada, sino que es necesario que incluyan y hagan referencia al conocimiento y mantenimiento de una dieta equilibrada, así como las técnicas de higiene alimentaria.

A esto se suma también evitar hábitos tóxicos, adicciones y violencia; incentivar la práctica de ejercicio físico adaptado a las capacidades y posibilidades de cada niño; interiorizarles hábitos de higiene y de prevención de enfermedades; enseñarles a reconocer los productos tóxicos de su entorno, riesgos y precauciones necesarias, además de inculcar el disfrute de una actividad social saludable, basado en el respeto a los derechos.

Uno de los aspectos más importantes que deben ser promovidos en las instituciones educativas, especialmente las enfocadas en la primera enseñanza, es que los niños sean capaces de reconocer cada una de sus emociones y mantener en ellos un buen equilibrio mental.

“Una escuela promotora de salud es aquella que proporciona unas condiciones óptimas para el desarrollo emocional, intelectual, físico y social de los alumnos. Se trata de promover, fomentar y permitir la adquisición de habilidades personales y sociales que conduzcan a crear unos valores y unas actitudes positivos hacia la salud, desde la propia capacidad de toma de decisiones personales, la participación y la igualdad”, reseña un artículo publicado en la Revista Española de Salud Pública. 

Por su parte, la Fundación Sociedad Argentina de Pediatría (FUNDASAP) resume de la siguiente forma el rol tan importante que juegan los centros de enseñanza al promover los hábitos saludables:

  • Ayudan a los niños y niñas a aprender a reconocer cómo prevenir problemas de salud.
  • Promueve el aprendizaje y práctica de hábitos saludables, buena higiene y códigos de seguridad.
  • Contribuye al desarrollo de cómo proyectarse para el futuro, entender las consecuencias de las acciones poco saludables. 
  • Inculca en los pequeños la importancia de compartir las ideas de hábitos saludables con sus amigos/as, a otros niños/as.

Es a través del proceso de formación que será posible inculcar en los niños, desde temprana edad, el compromiso y la responsabilidad de adoptar un estilo de vida que sea lo más sano posible y promover conductas positivas para su salud y de quienes lo rodean.

“La educación integral en los pequeños nos permite formar futuros adultos que serán capaces de mantener buenos hábitos de higiene, que evitarán prácticas nocivas o tóxicas para su organismo, pero, lo más importante, es que tendrán la capacidad de prestarle la atención requerida a su bienestar emocional”, explicó Rebeca Chavarría, educadora y directora general de Bright Spot Learning Center.