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La forma en la que los padres reaccionan al comportamientos o actitudes de sus hijos e hijas en determinados momentos, resultará clave para que sea más o menos probable que estos se repitan en el futuro. La clave está en que, si deseamos que esta acción suceda de nuevo, es importante incentivarlos, por medio de comentarios positivos, a continuar haciéndolo, al mismo tiempo que se les explica el porqué esto resulta ser algo bueno.

A través de técnicas como estas es posible reforzar los valores, tanto en el hogar como en el centro educativo, además de promover en el infante el poder de decidir cuál es la manera más idónea de reaccionar ante alguna situación. A esto se suma también el hecho de incentivar en ellos la importancia de los méritos o logros.

Los expertos afirman que, más allá de las recompensas, los adultos deben enfocarse en conocer las razones que llevan al niño o la niña a comportarse de determinada forma

El artículo Cinco razones para dejar de decir “¡Muy Bien!”, publicado en la revista Parents, el escritor y especialista en comportamiento humano Alfie Kohn, afirma que más allá de elogiar por las buenas acciones, debemos de consideras otras tres posibles opciones para reconocer cuando el pequeño o la pequeña haga algo realmente impresionante:

  1. No diga nada: Algunas personas insisten en que un acto servicial debe ser “reforzado” porque, secreta o inconscientemente, ellos piensan que fue una casualidad. Si los niños son básicamente malos, entonces se les debe dar una razón artificial para ser buenos (a saber, recibir una recompensa verbal). Pero si este cinismo es infundado –y muchas investigaciones sugieren que lo es– entonces los elogios no serían necesarios.
  2. Diga lo que vio: Un enunciado simple, sin evaluación (“Te pusiste los zapatos por ti mismo” o incluso solamente “Lo hiciste”) dice a su hijo o hija que usted se dio cuenta. También le permite a él sentirse orgulloso de lo que hizo. En otros casos, puede tener sentido hacer una descripción más elaborada. Si hace un dibujo, usted podría ofrecer unas observaciones –no un juicio– sobre lo que usted ve: “¡La montaña es inmensa!”.  Si un infante hace algo cariñoso o generoso, usted podría atraer su atención sutilmente hacia el efecto de esta acción en la otra persona: “¡Mira la cara de Abigail! Ella parece muy feliz ahora que le diste un poco de tu comida.
  3. Hable menos, pregunte más: Incluso mejores que las descripciones son las preguntas. ¿Por qué decirle al niño o la niña qué parte de su dibujo le impresionó a usted cuando puede preguntarle qué es lo que a le gusta más de su dibujo? El preguntar “¿Cuál fue la parte más difícil de dibujar?” o “¿Cómo hiciste para hacer el pie del tamaño correcto?” es probable que alimente su interés por el dibujo. 

Especialistas en el tema educativo hacen referencia a que el cariño y la comprensión resultan mucho más efectivo en la implementación de las recompensas, aunado a la constancia. Es por ello que, acciones como sentarse a dialogar con el niño o la niña para comprender el porqué de sus malas acciones o comportamiento incorrecto, también evidencian que se tiene interés en la resolución del conflicto.

“Cuando se le da la oportunidad al infante de que verbalice sus sentimientos e inquietudes será más fácil comprender las razones de su comportamiento y, con ello, podremos aplicar los correctivos necesarios para que no se repitan. Si solo se le reprende o se le recompensa, sin ir más allá, estaremos dándole solución al hecho de manera momentánea, de allí la importancia de comprender el trasfondo de lo que acontece”, afirmó Rebeca Chavarría, educadora y directora general de Bright Spot Learning Center.