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Una publicación realizada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), revela que la pandemia por la COVID-19 impactó tan fuerte al sistema educativo en toda la región de Latinoamérica y el Caribe, que el cierre de los centros educativos hizo que más de 165 millones de estudiantes dejaran de asistir a las clases presenciales. 

Esto generará algunas repercusiones, entre las que se encuentran bajos niveles en los aprendizajes alcanzados, la incertidumbre de que se cumplan los planes de escolarización a tiempo, además del incremento en la deserción de las aulas. 

Por su parte, la UNICEF considera que en un escenario tan complejo como el actual, en el hogar las familias pueden continuar promoviendo actividades de aprendizaje basadas en el juego. Es indispensable garantizar el óptimo desarrollo infantil, por lo que lo aprendido en casa también debe de ser reforzado en los centros de enseñanza.

“En la actualidad nos enfrentamos al reto de implementar herramientas que, no solo contribuyan al desarrollo y aprendizaje de los niños, sino que estas sean capaces de despertar su interés por descubrir el mundo que los rodea. Lograr una sinergia entre la educación que reciben en casa y en la escuela será clave en ello”, explicó Rebeca Chavarría, educadora y directora general de Bright Spot Learning Center.

El objetivo es lograr que, tanto en el hogar como en el centro educativo al que asista el pequeño, se implementen ciertas estrategias y herramientas que permitan fortalecer el aprendizaje integral en ellos. Prestarles atención a aspectos relacionados con el desarrollo de las capacidades motrices y la socialización es vital para lograr su adaptación en la llamada “nueva normalidad”.

Un trabajo publicado por Axel Rivas en la Universidad San Andrés, en Argentina, resume cinco puntos esenciales, a niveles pedagógicos, que deben ser considerados como nuevas alternativas para promover el interés de aprender en los pequeños:

  1. Proponer hacer cosas que dan placer, disfrute y alegría mientras se aprende. Involucrar socialmente a la familia en juegos, desafíos y entretenimientos que resulten educativos y complementarios.
  2. Incentivar en los niños actividades que produzcan una rápida apropiación de su entorno, en la que cada uno de ellos ven al hacerlas un resultado propio de su acción (y que utilizando ese saber pueden volver a generar un interés). No disipar demasiado en el tiempo el fruto de la acción de aprender. 
  3. Desarrollar e implementar herramientas exploratorias, en las que los pequeños se vuelvan parte activa en el proceso de aprender y fortalecer sus habilidades. En tiempos de pandemia hay que saber aprovechar el aspecto creativo y disfrutable por descubrimiento. 
  4. Trabajar por proyectos es más necesario que nunca en la actualidad. Hay que reunir lo que se hace, pasarlo por distintas capas que le presten sentido y hagan sentir a quien trabaja/aprende que las piezas encajan. Resulta esencial que los alumnos participen en juegos más completos, que entiendan de qué son parte, para poder poner en ello su energía. 
  5. Plantear crear, inventar y hacer. Es más fácil involucrar a los niños si se los hace sentir valiosos, si pueden expresar algo nuevo y no repetir algo que ya les resulta conocidos, especialmente si son creadores, artistas, exploradores. El arte es un gran camino para transformar la percepción y ampliar el horizonte de las estructuras mentales de los estudiantes.